Peligro ¡Cristianos Trabajando!

Peligro ¡Cristianos Trabajando!

Por Pablo Valdebenito Rousseau

Todo ser humano moderno necesita contar con alimento, vestuario y trabajo. Si una persona tiene familia, estas necesidades aumentan y se vuelven apremiantes. En el caso de los cristianos, tenemos la garantía de confiar en el Señor para recibir todas estas cosas (Mt.7:25-34). Lamentablemente no todo es hermoso. Muchos de los creyentes con responsabilidad laboral presentan un problema: su testimonio.

Con la desesperación por conseguir un trabajo, están dispuestos a aceptar todas las condiciones de un contrato; no importa si las estipulaciones de éste le convienen o no. Lo que importa es trabajar.

En muchas ocasiones, a medida que los días pasan la tarea se vuelve tediosa. Comienzan a aparecer las inconformidades y las reacciones frente a esto no se hacen esperar. No faltan motivos para protestar. Las murmuraciones se convierten en el pan de cada día, sin que el patrón lo sospeche. Cuando el creyente ya no soporta la situación, comienza a enfrentar a su jefe. Pese a que la Biblia nos enseña a no ser respondones (Tit.2:9), a veces esto se olvida, y nuestro testimonio comienza a sufrir las consecuencias.

Además de lo anterior, constantemente nos toca ver la ineficiencia “voluntaria” de algunos cristianos. Tienen como norma de vida el trabajar “al ojo”. Su entusiasmo laboral dura solamente hasta que su jefe se ausenta. En ocasiones esto lo realizan pese a la confianza que su empleador depositó en ellos, debilitando así su testimonio ante el mundo.

Si alguien ha visto cómo un hijo de Dios roba en su trabajo, sabrá la rabia y la pena que se experimenta. Muchos creyentes trabajan en el área de la construcción. Algunos, en la mañana llegan al trabajo con su olla (o marmita) llena de comida, pero se la llevan a casa repleta de clavos. Otros, tienen en sus casas lápices, pegamento, hojas de papel, clips, etc, todo sacado de la oficina en la que trabajan; lo lamentable es que esos artículos nadie se los dio. Hablamos entonces de cristianos que roban a su prójimo.

Otra categoría de creyentes, constantemente abusan de la buena voluntad de sus patrones. Siempre necesitan permiso para salir, llegar tarde o faltar a sus labores. Verdaderamente todos necesitamos esto alguna vez, pero no debe transformarse en una forma de vida. Es muy importante considerar quiénes serán testigos de todo esto. No sólo es Dios, sino también nuestros compañeros de trabajo; aquellos que constantemente escuchan nuestras “predicaciones” respecto a un “cambio de vida”. La situación es más lamentable cuando esto se realiza con un patrón o jefe incrédulo. La práctica demuestra el odio que esta conducta trae sobre la obra del Señor, y el resto de los cristianos.

Siempre una situación la tratamos desde varios puntos de vista. El ámbito laboral no es la excepción, ya que existe la otra cara de la moneda. Bendecidos por el Señor, algunos creyentes se convierten en patrones. El problema surge cuando en la posición que Dios les dio, su comportamiento se vuelve inconsecuente con la fe que proclaman.

En primer lugar, están aquellos que reciben personal a través de un contrato engañoso. El empleador promete ciertas garantías que no puede, o no piensa cumplir. Cuando el empleado quiere reclamar sus derechos, se le enfrenta a la posibilidad de aceptar lo que dice el patrón, o irse.

En ciertas ocasiones, el empleador se vuelve abusivo con sus trabajadores. Quizás varios de nosotros hemos visto cómo un patrón cristiano trata con groserías a su gente. En el afán de ganar dinero, o en su efecto, de terminar luego un trabajo, algunos hijos de Dios olvidan la dignidad de las personas. Los más disimulados, ofrecen un excelente trato a sus trabajadores; claro que esto lo compensan pagando un mínimo sueldo. La situación en Latinoamérica no es la mejor, pero toda persona responsable conoce con cuánto dinero se puede vivir; los empleadores no están ajenos a este conocimiento. Fue un sacerdote católico quien tuvo que hablarnos de “sueldo ético”, ya que muchos evangélicos no fuimos capaces de hacerlo.

Con el afán de que su empresa o negocio prospere luego, algunos creyentes se transforman en verdaderos dictadores. Las exigencias se siguen unas a otras, al igual que las prohibiciones. Cada vez que se cita a una reunión de personal, pocas veces se efectúa para felicitar o dar alguna buena noticia; generalmente tiene el objeto de reprender o criticar.

Algunas empresas cuyo personal es completamente cristiano, no consideran en sus actividades un devocional; es decir, un momento en el que todos juntos adoren al Dios en el que creen. Esto habla muy mal de sus empleadores. Aquellos que oran unidos se mantienen unidos, y la bendición del Todopoderoso los cubre. Estamos concientes de que una cosa es el trabajo y otra la iglesia. Sólo nos referimos a dedicar algunos breves minutos para orar al Señor por nuestras vidas.

El problema con los patrones, ocurre no sólo entre los trabajadores de empresas. Existe una clase de empleado que durante muchos años ha sufrido discriminación en América Latina: la sirvienta o empleada doméstica o asesora del hogar. Muchos cristianos cuentan con los medios para contratar los servicios de estas postergadas mujeres. Independiente del hecho de que la “sirvienta” sea cristiana o no, algunas de ellas sufren humillaciones por parte de sus “hermanos en Cristo”.

En otros casos más lamentables aún, algunos creyentes han contratado los servicios de otro hermano en la fe, para luego negarle su salario (véase Lv.19:13). La iglesia de Cristo debe recapacitar sobre esto. El mensaje evangélico es de amor y libertad; eso le anunciamos al mundo. Es inaceptable que entre los mismos cristianos, siendo hijos de un mismo Padre, nos perjudiquemos unos a otros. Si recibimos la bendición de convertirnos en patrones, demostremos que realmente nacimos de nuevo; y a los que hasta el momento sólo somos empleados, hagamos las cosas como para el Señor (Ef.6:6-7).

Pablo Valdebenito
Asunción, Paraguay, 09 de Diciembre de 1996.-

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